El año que está a punto de terminar lo he dedicado como cada uno de los anteriores, a mi actividad favorita: ¡VIVIR! Sí…..puede parecer absurdo, pero no sólo el hecho de respirar significa estar vivo. VIVIR con mayúsculas es mucho más que eso.
¿Soy por ello un bicho raro? Seguramente, y además estoy encantada de serlo. Me consta que no somos muchos los que disfrutamos levantándonos cada día a las siete de la mañana para ir a trabajar, los que nos emocionamos contemplando la Plaza Santa Ana cualquier noche de verano mientras pensamos que vivimos en el mejor país del mundo. No somos muchos los que vivimos justamente como nos gusta vivir, los que hemos logrado cada objetivo propuesto a lo largo de nuestra existencia, saboreándolo cada día con gran orgullo, de modo que no voy a lamentarme.
Me gustaría lanzar un mensaje de optimismo y transmitir que sentirse así es posible, que todo depende de uno mismo, que basta con desearlo lo suficiente y luchar con vehemencia hasta conseguirlo.
No soy especialmente guapa, ni rica, ni culta, ni mucho menos perfecta, por lo que cada trocito de mis sueños, proyectos, ilusiones, aventuras y amores me lo he tenido que currar a lo grande, lo cuál tiene también su recompensa, y es que ¡Diossssss, cómo lo disfrutas cuando lo consigues!
Lo único que me inquieta de este año que finaliza es que me queda un año menos de vida. No soporto el paso del tiempo, me cabrea, me indigna y me subleva porque es lo único que se me escapa, lo único que no puedo controlar. Todo lo demás que pueda depararme la vida, si es negativo, lo sortearé, cambiaré o asimilaré, y si es positivo lo disfrutaré, reiré y compartiré.
Confío en mi instinto salvaje a pesar de que a veces me ha jugado alguna mala pasada, y apuesto a que cada decisión futura que tome, hará que mi vida siga siendo un sueño, el sueño que siempre quise vivir desde pequeña y que tan difícil me pusieron, el sueño de sentirme libre, amada, respetada y en PAZ.
¿Soy por ello un bicho raro? Seguramente, y además estoy encantada de serlo. Me consta que no somos muchos los que disfrutamos levantándonos cada día a las siete de la mañana para ir a trabajar, los que nos emocionamos contemplando la Plaza Santa Ana cualquier noche de verano mientras pensamos que vivimos en el mejor país del mundo. No somos muchos los que vivimos justamente como nos gusta vivir, los que hemos logrado cada objetivo propuesto a lo largo de nuestra existencia, saboreándolo cada día con gran orgullo, de modo que no voy a lamentarme.
Me gustaría lanzar un mensaje de optimismo y transmitir que sentirse así es posible, que todo depende de uno mismo, que basta con desearlo lo suficiente y luchar con vehemencia hasta conseguirlo.
No soy especialmente guapa, ni rica, ni culta, ni mucho menos perfecta, por lo que cada trocito de mis sueños, proyectos, ilusiones, aventuras y amores me lo he tenido que currar a lo grande, lo cuál tiene también su recompensa, y es que ¡Diossssss, cómo lo disfrutas cuando lo consigues!
Lo único que me inquieta de este año que finaliza es que me queda un año menos de vida. No soporto el paso del tiempo, me cabrea, me indigna y me subleva porque es lo único que se me escapa, lo único que no puedo controlar. Todo lo demás que pueda depararme la vida, si es negativo, lo sortearé, cambiaré o asimilaré, y si es positivo lo disfrutaré, reiré y compartiré.
Confío en mi instinto salvaje a pesar de que a veces me ha jugado alguna mala pasada, y apuesto a que cada decisión futura que tome, hará que mi vida siga siendo un sueño, el sueño que siempre quise vivir desde pequeña y que tan difícil me pusieron, el sueño de sentirme libre, amada, respetada y en PAZ.