miércoles, 19 de diciembre de 2007

VIVIR CON MAYÚSCULAS

El año que está a punto de terminar lo he dedicado como cada uno de los anteriores, a mi actividad favorita: ¡VIVIR! Sí…..puede parecer absurdo, pero no sólo el hecho de respirar significa estar vivo. VIVIR con mayúsculas es mucho más que eso.

¿Soy por ello un bicho raro? Seguramente, y además estoy encantada de serlo. Me consta que no somos muchos los que disfrutamos levantándonos cada día a las siete de la mañana para ir a trabajar, los que nos emocionamos contemplando la Plaza Santa Ana cualquier noche de verano mientras pensamos que vivimos en el mejor país del mundo. No somos muchos los que vivimos justamente como nos gusta vivir, los que hemos logrado cada objetivo propuesto a lo largo de nuestra existencia, saboreándolo cada día con gran orgullo, de modo que no voy a lamentarme.

Me gustaría lanzar un mensaje de optimismo y transmitir que sentirse así es posible, que todo depende de uno mismo, que basta con desearlo lo suficiente y luchar con vehemencia hasta conseguirlo.

No soy especialmente guapa, ni rica, ni culta, ni mucho menos perfecta, por lo que cada trocito de mis sueños, proyectos, ilusiones, aventuras y amores me lo he tenido que currar a lo grande, lo cuál tiene también su recompensa, y es que ¡Diossssss, cómo lo disfrutas cuando lo consigues!

Lo único que me inquieta de este año que finaliza es que me queda un año menos de vida. No soporto el paso del tiempo, me cabrea, me indigna y me subleva porque es lo único que se me escapa, lo único que no puedo controlar. Todo lo demás que pueda depararme la vida, si es negativo, lo sortearé, cambiaré o asimilaré, y si es positivo lo disfrutaré, reiré y compartiré.

Confío en mi instinto salvaje a pesar de que a veces me ha jugado alguna mala pasada, y apuesto a que cada decisión futura que tome, hará que mi vida siga siendo un sueño, el sueño que siempre quise vivir desde pequeña y que tan difícil me pusieron, el sueño de sentirme libre, amada, respetada y en PAZ.

lunes, 12 de noviembre de 2007

DE ALGO HAY QUE MORIR (Artículo de Saramago)

Siempre tendremos que morir de algo, pero ya hemos perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar.
Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana.
Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se vuelven intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, el nombre que por miedo a morir le pusimos un día. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a la inteligencia y al sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir.
Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo digo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso pacto entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.
Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia.
Los Dioses sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el “factor Dios”, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un Dios, sino el “factor Dios” el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina. Y fue en el “factor Dios” en lo que se transformó el Dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones. Se dirá que un Dios se dedicó a sembrar vientos y que otro Dios responde ahora con tempestades. Pero no han sido ellos, pobres Dioses sin culpa, ha sido el “factor Dios”, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las mayores intolerancias, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre, acabó por hacer del hombre una bestia.


jueves, 8 de noviembre de 2007

MI PRIMER DÍA

No me lo puedo creer, estoy aquí escribiendo no sé muy bien el qué. Hace dos días ni siquiera sabía cómo se escribía la palabra blog, y mucho menos qué significaba, hoy gracias a mi nueva y admirada compañera de trabajo con la que tantas cosas empiezo a compartir, estoy escribiendo estas primeras líneas.
Me siento tímida, insegura, cuando ella empezó a hablarme sobre los blogs y animarme a que escribiera insistiendo en que mi vida le parecía interesante, le comenté que ni creía tener tiempo para estas cosas y que además no me sentía capacitada para escribir de una forma metódica o que resultase bonita. Me dijo que no importaba, que lo bueno de internet es que todo el mundo es libre, cada uno escribe lo que siente o quiere, de la forma que puede y todo vale. Lo pensé mejor y he decidido intentarlo, no sé si voy a tener mucho tiempo para dedicarle a ésto y mucho menos si habrá algún despistado que sin saber ni cómo llegue hasta ésta página, ni siquiera sé si cuando salga de aquí voy a ser capaz de volver a encontrar mi propio blog, pero si alguien consigue leer estas primeras líneas, prometo que cuando consiga organizarme y enterarme un poco de qué va esto, seré capaz de manteneros entretenidos contando curiosidades de esas que a la mayoría de la gente gustan tanto.
No soy una gran filósofa, ni literata, ni estoy especializada en profundidad en nada, tan sólo soy una luchadora, una superviviente, una apasionada de la vida, que día a día intenta disfrutar cada minuto como si fuera el último. Esa simple filosofía es lo que me ha permitido vivir momentos inolvidables y apasionantes que ya tendré oportunidad de compartir.
Espero que alguien lea esto, siento que si no es así voy a desanimarme, si alguien consigue llegar hasta mí, por favor, decidme algo, aunque sea malo, jajajaja. Mil gracias.